“El Nortéro”, estaba afuera de la posada. Igual que siempre, iba ataviado con su túnica marrón gastada, con la capucha puesta, que nada más dejaba ver su rostro. “El Nortéro” acariciaba su bestia de montar.
— Digo no es que me halla dado cuenta de su escandaloso silencio—“El Nortéro” escondió más su rostro en la capucha—. Y que me hubiera escapado por la chimenea para ver tranquilamente y desde afuera el efímero show que montaban.
— ¡¿Y te crees muy lista, no?!—Dartálla había saltado desde el revoltijo de mantas hasta plantarse fuera de la puerta—. ¡Pues déjame decirte que la pena por burlarse de lo Garmejílix es una paliza!
Por que “El Nortéro” era, y pocos lo sabían, de echo solo los que no solo lo habían visto de lejos, una chica, una chica bastante linda para ser honestos.
— Ja, ja, ja, pues me declaro culpable absoluta—Y “El Nortéro” le dio las espaldas, para seguir acicalando su bestia de montar. Que por cierto, se trataba de una criatura bastante extraña. Los cuartos traseros eran de un caballo, los delanteros los de un águila, más sin embargo, la cabeza, igual que sus angélicas alas, las de un flamenco blanco, todo debidamente distribuido para dar un cuerpo grande, pero ágil y liviano, contando claro, su extensa cola de plumas rizadas.
— ¡No sabes con quien te metiste, Nortéro!—Dartálla le blandió un puño—. ¡Garmejílix, formación de ataque numero 3 “La ronda de los lobos”!
Y los cinco Garmjílix restantes habían salido corriendo de la posada, con sus respectivas alimañas, para tomar un lugar alrededor de “El Nortéro”.
— A tus plumas les hizo bien el agua fresca Érios—Mientras “El Nortéro” seguía acicalando su bestia de montar—. Lucen brillantes y bonitas.
— ¡No lo tomes personal, cría!—Dartálla irrumpió dentro del círculo de sus Garmejílix—. ¡Esto es solo por que nos caes de maravilla!
Y los seis niños, con un grito de guerra y acompañados de gruñidos, aullidos y piares, por parte de sus bestias, se precipitaron contra “El Nortéro” y su criatura de montar.
— ¡Eeeee!
— ¡Aaaaa!
— ¡Eeeaa!
— ¡Iiiii!—la pandilla de Garmejílix golpeaba, pellizcaba, mordía, estiraba, pateaba, arañaba con fuerza y para sorpresa de ellos, parecía que si estaban propinándole una lección a su víctima.
— ¡Áauu!
— ¡Mi pié!
— ¡Soy yo!
— ¡Ese es mi cabello!—hasta que se dieron cuenta que no era así.
“El Nortéro”, a carcajadas, había terminado sentada a piernas cruzadas a un lado de la vorágine de pies raspados, caras cortadas y brazos torcidos.
— Ja, ja, ja, pues para ser la pandilla de la justicia de esta aldea aún les falta mucho por aprender—“El Nortéro” estaba partida por la mitad, risa y risa—. En especial tratando de impartir justicia para ustedes mismos, ja, ja, ja.
A Dartálla le hervía el rostro.
— ¡No se burle, hacemos lo que podemos!
— Que generalmente termina hasta que la propia víctima nos dice que ya no nos entrometamos—el niño de la liebre había podido desenredar su alimaña de la vorágine de cuerpos.
— ¡Shh, eso no siempre es cierto!—Dartálla no lo ahorcó por que lo tenía fuera de alcance.
— O cuando se entera de que seremos nosotros quien lo ayudaremos—la niña del osezno le sacudía el polvo a su criatura de felpa.
— ¡Eso no pasaría si no se enterara!—Dartálla infló los cachetes.
— Ja, ja, bueno en fin, pero… por que mejor no le echamos el ojo al desayuno que me trajeron—“El Nortéro” frotó sus manos mientras se saboreaba algún alimento imaginario—. Estoy hambrienta, me devoraría…
Pero los antojos de “El Nortéro” quedaron en el aire. El sonido de cuatro caballos desbocados, una repiqueteante campana y una carroza sin control los habían esfumado.
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